MAGDALENAS SIN GLUTEN Y SIN LACTOSA






Cuando tenía 11 años, mi madre me regaló un libro de recetas en blanco, poco a poco he ido añadiendo los platos que más me han gustado, creaciones propias, recetas de amigos, recetas familiares… 



y hoy os traigo unas MAGDALENAS SIN GLUTEN ideales para el desayuno diario.

No suelo consumir bollería industrial porque, además de parecerme muy poco saludable, soy celíaca y no tengo fácil encontrar ese tipo de productos.

Desde hace un tiempo, me pareció buena idea cocinar mis propios dulces, y durante años he estado preparando mis desayunos diarios con recetas muy sencillas y rápidas (la que hoy os enseño es una de ellas).

Cuando nació mi peque dejé de hacerlo por falta de tiempo, pero ahora me he propuesto volver a las buenas costumbres y dedicar un ratito semanal para hacer alguna de estas cositas que tanto nos gustan.

Os voy a escribir la receta original y os voy a poner las variantes que yo utilizo:



Ingredientes para 12 magdalenas:
-          200g de harina de arroz
-          220g de azúcar (yo uso azúcar glas que es más fina)
-          200g de mantequilla (yo uso margarina, me parece menos grasienta y prefiero las grasas vegetales)
-          4 huevos
-          Dos cucharaditas de levadura (la de hacendado es sin gluten)
-          Un par de cucharas de aroma de vainilla
-          4 cucharadas de leche (yo uso desnatada y sin lactosa)

Elaboración:

Precalentamos el horno a 180 grados
Mezclamos el azúcar con la margarina a temperatura ambiente. Añadimos los huevos uno a uno y mezclamos bien. Añadimos la harina, que previamente hemos mezclado con la levadura. Por último, incorporamos el aroma de vainilla y las cucharadas de leche y hacemos que todos los ingredientes compongan una masa homogénea.
Espero que en la foto se aprecie bien la textura que debe coger la masa.




Colocamos la masa en moldes de papel sobre un molde de horno para que no se deformen sin llegar a llenarlos del todo.



Se mete en el horno durante aproximadamente 20 min (importante: no abrir el horno durante la cocción)


¡Es que tienen buena pinta incluso sin haberse cocinado!



Ya tenéis listas unas ricas magdalenas para desayunar.



Yo las guardo en bolsas de congelación con cierre “zip” y aguantan bastante tiernas hasta 4 días.


¡Besitos a todos! ¡Nos vemos en instagram!
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LA HISTORIA DE CÓMO PERDIENDO EL NORTE ME ENCONTRÉ A MÍ MISMA EN EL SUR




Hace dos años yo vivía en el norte, vivía cómodamente en una rutina estupenda, una vida ordenada y predecible, donde los papeles estaban debidamente repartidos y todos hacían lo que “debían” hacer, incluida yo.

En el Norte todo pasaba porque tenía que pasar, estaba estipulado desde la construcción del proyecto, y así era… y así lo disfrutaba yo.

La vida normal, en el Norte, era esa, esperar a que cada día te trajera lo mismo que te trajo el anterior, aunque con alguna anécdota que lo convertía en diferente por un momento. Y me sentía realmente cómoda en una vida conducida, aunque no fuera yo quien llevara los mandos.

De pronto, alguien me compró un billete de ida al Sur, y cómo no era yo la que pilotaba, allí me fui.

En el Sur todo era distinto, nada más llegar me di cuenta de que no había nada predecible, no sabía que iba a pasar mañana. No había quien condujera mi vida más que yo misma, y no había aprendido a hacerlo nunca, siempre había tenido chófer.

Todo estaba desordenado, los papeles eran diferentes y yo no tenía muy claro cuál era el mío…

Los sueños bonitos solo los tenía si estaba despierta, las noches eran tremendamente largas y los días pesaban como piedras. Sin prismáticos que me mostraran un futuro y con vistas al norte que me dejaban ver el lugar donde había vivido tantos años, me convertí en una niña pequeña perdida y sin saber qué hacer.

Sólo tenía una opción, crear una nueva vida en el Sur cogiendo yo misma el volante.

Y así lo hice, si se pudo construir un proyecto en el norte, también se puede aquí.
Llevo poco tiempo en esta zona, a veces la incertidumbre me angustia, pero encuentro emocionante no saber qué va a pasar mañana. El desorden tiene magia por aquí, la vida está revuelta pero al final siempre encontramos por donde seguir.

Lo mejor de todo es que en el reparto de papeles yo elijo lo que quiero ser y cómo interpretarlo, y si no me gusta, cambio de rol cuando quiero.

Tengo que seguir construyendo mi proyecto por aquí, porque queda mucho por hacer, pero creo que me vino bien perder el Norte, porque me encontré a mí misma en el Sur.


Ya lo decía Rafaella Carrá, sabia mujer…



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CUANDO TE AGARRAN EL DEDO ÍNDICE


                                 Mi hijo me agarra el dedo índice

Creo que es un acto casi reflejo el ofrecer el dedo índice a un recién nacido como primera muestra de afecto.

Cuando es tu hijo quien te agarra el dedo, la sensación especial. Es un gesto que marca un antes y un después en tu vida, una primera forma de comunicación entre tú, recién madre, y él, recién hijo.

Cuando ofreces tu dedo índice a tu hijo por primera vez, le estás diciendo (en un idioma que solo vosotros dos entendéis), que estás ahí para sujetarle, para levantarle, para darle protección.

Y él, te agarra diciéndote: no te separes de mí, necesito sentirte cerquita como te he sentido hasta ahora.

Y eso es solo el principio… comienzas ofreciéndole el dedo índice en el hospital, para que sea un consuelo en este nuevo mundo que acaba de conocer, para que sienta algo familiar en una realidad extraña… y continuas ofreciéndole el dedo índice para aprender a caminar solo, cruzar la calle o limpiarle algo pegado en la cara después de haberlo mojado con tu saliva (no hay nada más animal que limpiar la piel de tu hijo con tu saliva)

Hasta aquí es lo que yo he experimentado como “ofrecedora de dedos”. Pero desde que soy madre, pienso mucho en mi YO como hija y en mi madre como MADRE.
Ahora me doy cuenta de que una madre empieza ofreciéndote su dedo índice y acaba entregando todo lo demás a lo largo de su vida.

Empieza extendiéndote la mano entera cuando te acompaña al colegio e incluso las dos manos si es necesario para cogerte en brazos para cruzar un gran charco o para ayudarte a saltar dentro de él. Para sujetarte las piernas las primeras veces que haces el pino frente a una pared, subirte una cremallera en la espalda o atarte los cordones una y otra vez hasta que aprendes a hacerlo por ti mismo.

Cuando te da las manos, también te da las piernas, sirven de asiento y de refugio, de cama confortable, de escondite cuando algo te asusta, y te sirven de piernas cuando no tienes ganas de usar las tuyas. Esas piernas que te llevan al parque, al médico, al colegio, esas piernas que se meten entre las multitudes para que veas Cortilandia o para que vayas a tu primer concierto de Alejandro Sanz cuando tienes 11 años.

Y una madre sigue ofreciendo a su hijo partes de su cuerpo, ofrece los hombros, para levantarte entre todas las cabezas para que veas la cabalgata, o para llorar cuando empiezas a confundirte en la vida y a sufrir tus primeros (y segundos y terceros…) desengaños.

Oídos que no se cansan de escuchar tonterías, labios que no se cansan de besar y de dar consejos y palabras de ánimo, ojos que te ofrecen las miradas más reconfortantes y que se abren a cualquier hora si es necesario.

Quiero ser así, ofrecerle a mi hijo mi cuerpo entero para todo lo que necesite, como mi madre me lo ofrece a mí cada día.


Quiero sentir como mi hijo agarra mi dedo índice por primera vez cada día de mi vida.

Aquí sostengo yo el dedo índice de mi madre

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EL PODER DE LA LENTE


En este POST os traigo una de mis grandes aficiones: la fotografía.

Desde siempre me ha llamado la atención este medio de expresión. Recuerdo que cuando era pequeña me encantaba ver fotografías antiguas de las calles de Madrid y ver cómo habían cambiado las cosas desde que a alguien se le ocurrió tomar una imagen de ese lugar en concreto en ese preciso momento.

Me apasiona ver fotografías de retratos, interpretar sus expresiones faciales e imaginar qué estaría pasando por la mente de la persona fotografiada.

Me encanta tomar fotos de los momentos cotidianos de mi vida, aunque sea en mala calidad y con materiales simples como una cámara de móvil.

Esa fascinación por este mundo me llevó hace unos años a querer perfeccionar la técnica, aprender a manejar una cámara y algunos conceptos básicos de retoque fotográfico. 
Nunca pensé que años después, retratara momentos especiales de la vida de otras personas.

Desde hace 7 años he tenido la suerte de que varias personas me eligieran para inmortalizar distintos momentos de sus vidas, como es el caso de Natalia, a la que sus amigas le regalaron una sesión de fotos en estudio para su despedida de soltera hace 4 años y que después me eligió para fotografiar el embarazo de su primer hijo y, hace unas pocas semanas, la espera de su segundo hijo junto a Pablete y su marido Rafa.


(Natalia esperando a Diego)

Desde que nació mi peque, he tenido poco tiempo y sólo he realizado sesiones de fotos que, por algún motivo, resultaban especiales para mí. Tengo intención de ir retomando poco a poco esta afición aunque sea buscando tiempo por debajo de las piedras….


(colección de zapatitos a la espera de que naciera su dueño)

En esta ocasión la sesión que he realizado es especialmente importante para mí. Rosalía es una de mis mejores amigas, desde hace unos años hemos estrechado aún más nuestra amistad y cuando me propuso que hiciéramos una sesión de fotos de su primer embarazo no lo dudé ni un segundo.

Elia nacerá en abril y sus papás querían tener un recuerdo del embarazo.

Al tratarse de una pareja con la que tengo muchísima confianza, fue una sesión muy agradable, ¡se nos pasó el tiempo volando!

Gracias a Javi, el futuro papá, que estuvo haciendo el “making of” de la sesión, tengo estas fotos que os puedo enseñar para que veáis lo guapísima que estaba mi amiga y cómo se fue desarrollando la sesión.
¡Espero que os guste!








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MI PEQUEÑO CABALLERO

Pues balance del año 2015 no tengo mucha intención de hacer…como en todos los años vividos hay cosas malas y buenas, y no sabría decir cuáles han sido las más abundantes, porque ha sido un año de lo más desequilibrado.

Lo que sí tengo pensado es esperar con ganas todo lo que quiera traerme el 2016, que no sé muy bien por qué, pero me da buena espina…

Tengo muchas ganas de tirarme de cabeza con todo lo que venga, estoy optimista y animada.
Me he dado cuenta de que 365 días dan para mucho más de lo que parece, puede cambiarte la vida de un día para otro, cambiarte la forma de pensar y de sentir… así que voy a intentar que en el 2016 no se me escape ninguno de esos días.

¡Mi proyecto es enorme! Tengo que seguir construyendo esta vida que empezó en el 2014, y no es poco. Lo bueno es que tengo buenas herramientas y buenos acompañantes.

Para que el 2016 vea que le esperamos con ganas Naím se colocó un traje de lo más elegante (vale, se lo coloqué yo) ¡Con corbata y todo!

Y es que H&M siempre piensa en esas mamás que, como yo, buscamos modelitos para que nuestros hijos parezcan verdaderos caballeros.


Yo no me esforcé mucho en lucir impecable, de hecho, escogí el mismo vestido camisero que el año pasado (sin darme cuenta) y las botas de todos los días…vamos, que lo único que hice fue pintarme los labios de rojo, por lo demás, iba vestida como un día cualquiera… ya había una estrella en casa que brillaba más que nadie: mi pequeño caballero



¡FELIZ 2016 A TODOS!

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